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Las nuevas reglas de oro: para jugar en la selección hay que hacer los deberes y limpiarse los botines Imprimir
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Sábado, 04 de Mayo de 2019 17:06
La hora de los deberes: un mandato que se respeta en el predio de Ezeiza o en el lugar del mundo donde estén los chicos.La hora de los deberes: un mandato que se respeta en el predio de Ezeiza o en el lugar del mundo donde estén los chicos.
 
Por Cristian Grosso  
 
Nadie les sirve la comida, lo hacen ellos y juntan los platos luego del almuerzo. Toman lecciones de inglés en el predio de Ezeiza, ordenan los vestuarios para dejarlos como los recibieron, concurren a talleres de comunicación y uso de redes sociales, miden sus festejos en público y saludan a los rivales. Deben limpiarse los botines sin auxilio del utilero. Leen libros en los tiempos muertos en un aeropuerto y hacen los deberes en el complejo de la AFA. Los seleccionados juveniles atraviesan otra era, la educación nuevamente es un valor. El título no es la medida, lo relevante es la evolución del futbolista y de la persona. El fútbol puede esconder un mundo de fantasías y ellos tienen entre 13 y 19 años, esa edad que marca para siempre.
 
La conducta obsesiona a la dirección de los seleccionados juveniles de la AFA. No pueden tirar en cualquier lado la ropa después de la práctica. Deben dejar las prendas del lado de la cara para asegurar un mejor lavado mecánico. Camiseta adentro del pantalón y medias arriba en cada entrenamiento. No tienen que ingresar con los botines en el vestuario. Saludar y agradecer es una tradición innegociable. Hace algunas semanas, el plantel Sub 16 vivió una experiencia singular en el torneo Montaigú, en Francia. Un día, un chico de la selección de Costa de Marfil, que vivía en el mismo hotel que la Argentina. huyó. Aprovechó para exiliarse en un país con una fuerte colonia marfileña. Con el DT Román Manassero al frente, reunieron a los pibes e intentaron ofrecerles una explicación. Entendieron que la realidad los invitaba a ir más allá del fútbol.
 
 
 
Destacar la conducta y la educación no tendría que ser un mérito, pero habla de la ciénaga anterior. Desde 2007, y durante una década, el derrumbe no encontró freno. Un par de títulos sudamericanos (Sub 17 en 2013 y Sub 20 en 2015) no pudieron maquillar un retroceso estructural que incluyó papelones deportivos y, mucho más grave aún, un sistema que consagró la ventaja y la picardía.
 
Aquellos años de descuidos formativos quedaron marcados por una frase que jamás convendrá olvidar: "Lo único que falta es tener que ganar y encima jugar limpio. Dejame ir al Mundial y que el juego limpio se lo den a Ecuador". Lo dijo Humberto Grondona, primero secretario de selecciones juveniles y luego entrenador de la Sub 20. Durante años, un vertiginoso tobogán se fue devorando valores. Épocas en las que delegaciones argentinas debían pagar al retirarse de los hoteles por sábanas quemadas con picaduras de cigarrillo. Partidos -un Sub 15 en México- en los que después de tres expulsados argentinos, el entrenador Miguel Lemme aprovechaba una jugada friccionada para inducir a uno de los chicos a que simulara una lesión para terminar el partido. Papelones, tumultos. Y hasta festejos desafiantes vía redes sociales, como ocurrió en el Sudamericano Sub 17 de 2013, en San Luis.
 
Ganar no es lo único, hay que ser educados y respetuosos. Cultivar valores en los chicos es muy importante en esta etapa. No sé si influye en el juego, pero sí en la vida - Pablo Aimar, DT de la Sub 17
 
Ser futbolista de selección no se resume a jugar al fútbol. Cada fin de año, antes de las Fiestas y el paréntesis por las vacaciones, en el predio hacen hincapié en temas centrales y sensibles en los adolescentes: acoso y abuso sexual y violencia de género. "Es una edad atravesada por tentaciones y fragilidades. No queremos que la caguen.", confiesa una fuente de LA NACION que hace tiempo está cerca de las categorías menores. Pensiones de algunos clubes han ocupado un triste protagonismo en las noticias.
 
En un mundo digitalizado, entre los chicos de la selección circula un video especialmente elaborado por el departamento de selecciones. Lo conocen todos en el predio como las 'cinco reglas de oro' para pertenecer a las selecciones juveniles. El primer valor es el respeto, al público, a los adversarios, a los árbitros. Luego, como subtítulos, se desarrollan los demás: rebeldía, adaptación, determinación y otro que elimina las excusas, porque no vale refugiarse en el estado de la cancha, el clima o actuación del árbitro.
 
La idea siempre es inyectar un fuerte sentido de pertenencia, que los jóvenes comprendan la dimensión de jugar en la selección. El video, con la imagen de la casaca nacional, se cierra con la siguiente arenga: "Esto ya no es un sueño, es la camiseta que defenderás. Una camiseta con historia, con mística, gloriosa, respetada en todo el mundo. Aprovechá cada segundo que te toque jugar con ella. ¡Esto es Argentina!". Todo el tiempo se repiten conceptos intangibles como pasión, compromiso y respeto. En el predio de la AFA se cuita frecuentemente a la 'generación dorada' del básquetbol. Ginóbili, Nocioni, Scola y compañía son el mejor ejemplo.
 
Ejemplos recientes: cuando la agónica victoria en el clásico con Brasil clasificó al Sub 17 para el hexagonal final en el reciente Sudamericano de Lima, los chicos se ocuparon de saludar a sus rivales. El festejo se desató solo cuando estuvieron dentro de la manga. Otro detalle en esa dirección se observó cuando el plantel se coronó tras perder 4-1 ante Ecuador; la euforia recién apareció en la intimidad del vestuario porque en la tribuna todavía estaban los chicos peruanos que se habían quedado sin Mundial por esa derrota albiceleste. Discreción en la victoria. Algunos días más tarde, en el certamen Sub 16 de Montaigú, en Francia, los chicos argentinos aplaudieron en la entrega de medallas a los mexicanos, a los que acababan de derrotar por penales en la final. Una caballerosidad que se había extraviado.
 
Los que trabajamos en juveniles debemos entender y aprender que las selecciones son nuestro reflejo en el mundo. Todavía hay mucho trabajo por hacer - Hermes Desio, coordinador general
 
La refundación comenzó el 13 de julio de 2017. A finales de marzo había asumido Claudio Tapia la presidencia de la AFA, pero fue Juan Sebastián Verón quién acercó el plan, desde un presumible cargo de secretario de selecciones juveniles que nunca llegó a asumir. Suya era la firma intelectual. Las diferencias con Tapia terminaron por alejarlo, pero la semilla prendió y el presidente de AFA respaldó el plan.
 
El desafío era delinear una selección como unidad, con todas las categorías envueltas por la misma filosofía y donde el trabajo a largo plazo arrojase resultados. La Sub 20, después de varios despropósitos -estaba bajo la órbita de la mayor-, recién ha podido alinearse bajo está doctrina desde el arribo de Fernando Batista, hace solo cuatro meses. Educación, identidad y pertenencia como pilares de un imprescindible renacimiento. Para que hubiese herederos, más allá de títulos. Para que el derrame del proyecto llegue mañana a la selección mayor. Pero atendiendo también al crecimiento de esos chicos. "Si uno es amable, los que lo rodean terminan siéndolo. Perdimos 3-0 contra Uruguay y los chicos fueron a saludar a sus rivales. Al final ellos son futbolistas dos horas por día y el resto son personas", lo resumió Pablo Aimar hace algunas semanas en Lima.
 
 Lectura en el avión, una nueva costumbre. Lectura en el avión, una nueva costumbre.
 
Estos chicos nacieron con Twitter, Facebook e Instagram. Imposible desatender las herramientas globalizadas. En la selección entendieron que debían acompañar estos tiempos. Capturar su interés. Por eso en el predio de Ezeiza, los juveniles también realizan talleres de comunicación y de redes sociales, con la pretensión de ayudarlos a romper el miedo ante los medios y cuidarse de no herir a nadie con las declaraciones. Son jugadores de selección, le cuentan a LA NACION que les repiten los cuerpos técnicos. Y eso conlleva obligaciones. Y responsabilidades.
 
"Si un futbolista no respeta los valores, sabe que puede quedar afuera. Ha ocurrido", le confía a LA NACION alguien que convive con los juveniles en el predio. Pero, ¿qué sucede ante giros rebeldes o malos comportamientos? "Son los propios chicos los que acomodan al resto. Si alguien se equivoca, internamente lo resuelven. Sienten que el error de uno perjudica a todos, y eso lo hacen cuerpo", relata Hermes Desio, coordinador general de las selecciones juveniles.
 
Se les marca un camino, y si querés estar, tenés que sumarte al grupo como ya lo proponía Pekerman. Hay jugadores que pueden ser mejores que otros, pero si te apartás del camino, la rueda sigue - Diego Placente, DT de la Sub 15
 
Con los más jóvenes hay una tarea adicional. Los Sub 15 y Sub 17, cuando se quedan concentrados en el predio los lunes, martes y miércoles -se entrenan por la mañana y van al colegio a la tarde-, debe llevar sus textos escolares para hacer las tareas en Ezeiza. Es una actividad obligatoria durante una hora y media cada día, distribuidos en mesas de cuatro o cinco integrantes. "Si siempre repetimos que queremos jugadores inteligentes, es imprescindible que cumplan con el colegio. De lo contrario, somos contradictorios".
 
"La formación es un tema clave y trascendental", repite Desio. Cuando el exvolante de Independiente y Alavés era el coordinador de juveniles de Estudiantes, si un chico no mostraba un determinado porcentaje de materias aprobadas en la escuela, no jugaba en su división hasta que levantaba las notas. ¿Y ahora en la selección, cuáles son las reglas? "Las mismas. Solo con un chico tuvimos problemas; estaba mal en ocho materias. Lo emplazamos y metió siete en un mes. Entonces, doblamos el discurso: 'No lo hagas más, porque acabás se demostrar que podías tener las materias al día'. Ahora, en promedio, algunos chicos están con dos o tres materias abajo. No más".
 
Hay una propuesta revolucionaria que el presidente Claudio Tapia tiene en su escritorio: que junto con cada delegación juvenil ya no solo viaje el entrenador, el ayudante, el profe, el médico y el utilero..., sino que también integre el plantel un maestro. El maestro de la AFA. Para ayudarlos con las tareas, para ser un nexo con los colegios desde el exterior. Los beneficios de la victoria siempre están a la vista, pero los beneficios de la educación son realmente transformadores.
Estudiar idiomas para abrirse al mundo
 
Hay reglas, y hay prohibiciones. Pero no para los chicos, para los adultos. Ningún integrante de los cuerpos técnicos de los seleccionados juveniles puede presenciar los partidos de las divisiones inferiores con la indumentaria de la AFA. ¿Por qué? "Porque no se trata de presumir", explica Hermes Desio. Además, es una manera de que los chicos no puedan individualizarlos. Pero no solo porque alguno podría sentirse presionado, sino al contrario, para que ningún jugador entienda que debe brindarse más porque lo están observado del seleccionado nacional. Porque les explican que no es así: el esfuerzo debe ser máximo siempre. Entonces, mejor no llamar la atención.
 
La estructura de juveniles requiere, cada vez, de más áreas interdisciplinarias. Psicología y asistencia social están cubiertas en la AFA. Pero todavía falta un departamento de scouting internacional profesional, y falta también un desarrollo de coaching permanente y no solo una asistencia externa intermitente. Mientras, fomentar lectura -además de las versiones en papel, les envían a los chicos libros en formato PDF por sus celulares- y el aprendizaje de idiomas es una constante. Martillan una y otra vez con el tema en el predio de Ezeiza.
 
A los pibes hay que inculcarles el sentido de pertenencia. Decirles que las cosas no sólo las tienen que hacer bien en la cancha, sino también afuera
Fernando Batista, DT de la Sub 20
 
Las categorías más jóvenes han viajado este año a Portugal y a Francia, por ejemplo, y próximamente lo hará la categoría 2002 a Rusia, para participar de un certamen en San Petersburgo. Siempre visitar otros lugares provoca reacciones en muchos juveniles. Cuando regresan, distintos integrantes de los cuerpos técnicos le cuentan a LA NACION que algunos chicos comienzan talleres de idiomas. "Es fantástico cuando te dicen: 'Profe, no entendí nada., y por eso creo que me perdí más de la mitad de lo que vivimos'. Se les abre el mundo, descubren otra cultura, otra gente, otras costumbres. Otro respeto, también. Viajar los hace crecer, en la cancha y especialmente afuera. Por eso con los chicos nunca se gasta, siempre se invierte. Esa regla debe ser ley", concluye Hermes Desio.
 
  Las nuevas reglas de oro: para jugar en la selección hay que hacer los deberes y limpiarse los botines
 

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