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El Plan Berni: entre la crisis sanitaria y la hipótesis del desborde social Imprimir
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Domingo, 22 de Marzo de 2020 10:02
Por Albino Aguirre
 
La pandemia de Coronavirus no sólo demanda del Estado políticas en materia de Salud. La seguridad, especialmente en una economía como la de nuestro país, también debe seguirse de cerca.
 
Como si se tratara de un paro sindical, la cuarentena se mide en nivel de acatamiento. No debiera, porque es obligatoria. Pero son tantos los grises y permitidos, que el aislamiento pleno es prácticamente imposible. Una economía con vínculos laborales precarios, donde el 45% de los trabajadores desarrolla actividades de manera informal, agrava aún más la situación, porque atenta contra los controles. ¿Cómo sabe la Policía dónde trabajan las personas que dicen circular habilitados por alguna excepción?
 
En Provincia de Buenos Aires, el primer día del aislamiento social preventivo obligatorio dejó, es cierto, saldo favorable. Sobre todo si se lo compara con la situación de desmadre que caracterizó a las jornadas anteriores, cuando el remanido consejo #QuedateEnCasa que se transformó en bandera de lucha contra la pandemia, descansaba en un llamado a la responsabilidad social frente a la crisis sanitaria que se avecina. Según proyecciones oficiales de Seguridad, la ‘adhesión’ a la medida que es obligatoria, tuvo un promedio del 80%, con picos de plenitud en el interior, y menor acatamiento sobre todo en algunas regiones del Conurbano, paradójicamente el foco de mayor exposición al contagio.
 
En La Plata, la falta de controles por parte de la Policía de Berni durante la primera jornada de cuarentena alumbró críticas, sobre todo por la ausencia de retenes. Hubo uniformados recorriendo las calles y un despliegue evidente de más personal motorizado recorriendo la ciudad. Se entiende, por las carencias: la falta de unidades móviles en la flota de patrulleros, la mayoría de los cuales sin megáfonos como los que suelen utilizarse en esta época para persuadir a la gente de que se quede en su casa, forzó a los encargados de ejecutar el operativo a mostrar mayor presencia policial circulando en dos ruedas. 
 
Durante la mayor parte de la jornada, el accionar de la policía frente a presuntos hechos de incumpliendo ciudadano de las restricciones vigentes, fue a demanda: hubo 600 denuncias  contra personas que infringieron el aislamiento social preventivo, pasibles de ser imputados por el delito de “propagar enfermedad peligrosa y contagiosa para las personas”, previsto en el artículo 205 del Código  Penal, que fueron llevadas a la Justicia. 
    
Esa lógica cambió durante la noche de ayer, cuando el accionar de la Policía dejó la pasividad, y empezó a ejecutar controles para verificar la legitimidad de circulación de quienes transitaban por la ciudad. 
 
No es sólo la cuestión sanitaria la que impulsa a la conducción del Ministerio de Seguridad a reforzar los controles en la penumbra del día. Es también, y para muchos sobre todo, el temor a que se generen situaciones de desborde social, que termine en saqueos. La palabra genera escozor, pero no debe asombrar a nadie en términos de generar políticas de prevención. Es un protocolo habitual en la Policía: está en la esencia de la fuerza, que además de reprimir la violencia, trabaja en prevenir posibles focos de conflictividad. El aislamiento masivo puede generar condiciones para prácticas delictivas. Se han tomado idénticas medidas en situaciones que también revistieron características de catástrofe, como en 2013, cuando las inundaciones provocaron estragos en La Plata. 
 
Ayer, tras arengar a la tropa, el Ministro Berni dispuso un plan de acción especial para prevenir cualquier desborde. Descansa en un servicio policial basado en su totalidad en atender las disposiciones del decreto presidencial que estableció el aislamiento social preventivo y obligatorio. Lo dijo el propio ministro en una conferencia que compartió con el Jefe de Gabinete bonaerense, Carlos Bianco. También repitió, con estudiada insistencia, que “el éxito de esta medida no pasa por un control policial, sino por una responsabilidad social”. 
 
No fue inocente la insistencia. Define la prioridad en el operativo que disparó Seguridad. Al menos durante la primer jornada, el accionar de la fuerza apuntó más a generar condiciones para garantizar la paz social, que al objetivo sanitario que persigue aislamiento. Por eso los controles aparecieron recién durante la noche, cuando la sospecha de circulación se asocia más a una potencial aparición de focos de actividad delictiva, que a la irresponsabilidad de quien aún non tomó dimensión del peligro en ciernes. Por eso también se controló celosamente las adyacencia de súper e hipermercados. 
 
En ese plan de acción, se movilizaron grupos de choque para crear al menos 10 bases operativas en zonas de alta densidad poblacional donde la conflictividad suele encenderse con un simple chispazo. La mayoría de ellas se distribuyen en el Conurbano, pero también en distritos del interior como Mar del Plata y Bahía Blanca. 
 
Son medidas preventivas frente a la posible irrupción de situaciones de desborde social. La geografía bonaerense requiere de ese tipo de acciones. Las distancias imponen la conformación de bases distribuidas en distintos puntos de la Provincia. Hay que achicar margen de error en la capacidad de repuestas ante cualquier eventualidad. “Siempre puede existir algún idiota que vea la oportunidad de un saqueo”, le dijo a este cronista un experto en manejar este tipo de operaciones. El propio Berni habló, ayer, de una “reserva operacional que esté en condiciones de dar respuesta ante una necesidad”. A eso se refería. 
 
El Ministro de Seguridad bonaerense es médico. Su perfil es el ideal para atender la situación de crisis actual. Así lo reconoció su antecesor en el cargo, Cristian Ritondo, en diálogo con FM CIELO en la semana que termina. Pero lo que lo depositó al frente del Ministerio de Seguridad es su expertis en el manejo de fuerzas para prevenir el delito. Y esa es, parece, su prioridad en la diagramación del plan de contingencia policial dispuesto al servicio de combatir la pandemia de Coronavirus.
 
Eso explica el celo de la Policía para controlar la circulación en la penumbra de la noche, que contrasta con la pasividad con la que recorren las calles durante las horas de sol. Ayer, en el primer día de cuarentena, el protocolo de control policial se reforzó entre las 17 y las 23, y se incrementó el patrullaje durante el horario de cierre de los supermercados. Señales que demuestran el objetivo central del operativo de seguridad. 
 
A diferencia de las imágenes que provienen de otros distritos, en la Provincia no se vieron persecuciones a supuestos infractores de la veda de circulación ciudadana. La idea es estar alertas –y preparados- para ejecutar un plan de acción inmediato frente eventuales situaciones de desborde social. Capacidad de respuesta, se llama en términos operativos. Al fin  al cabo, ningún juez le pedirá explicaciones a la Fuerza por no haber realizado un retén para detener a una persona en el marco de una ley plagada de excepciones, pero no dudaría en hacerlo frente a la impericia de no prever un mal mayor, grave y potencialmente inminente, de desborde social. Hacia ese frente, apunta el plan que ya está en marcha en la Provincia.
 
 
 
 
 
 
 El Plan Berni: entre la crisis sanitaria y la hipótesis del desborde social
 

 

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