Alberto Orga”súmese, forme parte. Construyamos la historia que viene”


El Prof. y Director del CES estuvo presente con su relato en el acto protocolar por el 118° Aniversario de América y allí destacó la idiosincracia del lugar junto a los hombres y mujeres que vinieron a vivir aquí “con lazos comunes muy fuertes, con identidad propia, orgulloso de la tierra en que nació o que habitó, profundamente solidario y convencido de que los pueblos son lo que sus ciudadanos y sus instituciones son capaces de hacer.

EL TEXTO COMPLETO

La llegada de Villegas a la región en 1876, significó el avance de la nueva cultura que se imponía en la Pampa Argentina.

Oleadas de inmigrantes se instalaban en los nuevos dominios mimetizándose con los que habían hecho las “Campañas al Desierto” y los que habían quedado como agregados a la tierra. Tengamos muy en claro que somos una conjunción de razas.

Nacían y crecían las poblaciones por doquier, creando los servicios que el campo requería. Los ramos generales, los hoteles, las herrerías y todo tipo de actividades comerciales emergían al compás de las crecientes necesidades.

Los alambrados comenzaban a separar nuestras tierras.

San Mauricio, población surgida por la iniciativa de Mauricio Duva era ya una realidad a partir de 1884. Fortín Olavarría, comenzaba a generarse al lado de la Pulpería de Gorch, (1876) ubicada sobre la rastrillada que se introducía en la pampa hacia Pozo Hondo. González Moreno o Meridiano V se avizoraba en 1903, en las tierras entregadas por Roca en 1882.

El país todo crecía al compás del ferrocarril que en 1904, llegó a tener 19.430 Km. de vías. El desarrollo de este medio de comunicación y transporte fue único, y permitió que la enorme cantidad de inmigrantes que llegaban (más de 150.000 por año), de España, Italia, Europa central y del este, Asia Menor y Norte de África se distribuyeran por todo el interior argentino, pero fundamentalmente en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos y que se sumaran a la población existente. Al mismo tiempo el crecimiento de la agricultura fue notable para la época, y la existencia sembrada de lino, trigo, y maíz, alcanzó a doce millones de Has. El mundo nos miraba con sorpresa. Comenzó también así, el desarrollo de la región.

El ferrocarril fue en América un punto de inflexión.

“Si bien ya existía desde antes, la Estación América, fue inaugurada oficialmente el 1 de agosto de 1904. La Empresa Ferrocarril Oeste le puso ese nombre en homenaje al nuevo continente. Su primer jefe fue el Sr. Manuel Bidart, que también fuera Secretario del Subdelegado Panadero” manifestaron

“En ese contexto, nacía el 16 de mayo de 1904 el pueblo Carlos A. Diehl por resolución firmada por el gobernador Marcelino Ugarte. Más conocido, posteriormente, por el nombre de la estación. Según cuenta “El Independiente” en septiembre de 1904 había en América más de setenta casas en construcción y se estaba edificando la Subdelegación” agregaron

“Desde los primeros tiempos los habitantes de América advirtieron el destino de distrito independiente. Se les observó actitudes propias de residentes en pueblos autónomos. Antes de la creación del Partido se dieron sus propias instituciones sociales y recreativas. El “Club Social América” que nació el 23 de septiembre de 1907, casi al mismo tiempo que las comunidades extranjeras organizaban sus instituciones que las representaban: la “Sociedad de Socorros Mutuos L´Italia” el 20 de septiembre de 1906 y la “Sociedad Española de Socorros Mutuos” el 25 de diciembre de 1907”

América tuvo vida propia desde su origen y cuando lo advirtieron desde Trenque Lauquen o Villegas ya era tarde. Organizó sus propias celebraciones desde el comienzo. Levantó mediante una colecta pública la tapia del cementerio y pagó el combustible de las primeras farolas de iluminación.

A todos los que habitaban en ese comienzo este lugar, los unía el lazo común del coraje. Había que ser corajudo para vivir en estos lares, sin médicos, sin parteras, sin escuelas, sin electricidad, con escasos medios de transporte y casi ninguna comunicación. Esas condiciones marcaron la vida de los que nos precedieron. A 118 años el homenaje, el mayor homenaje es para ellos, que crearon un hombre con una idiosincrasia especial, con lazos comunes muy fuertes, con identidad propia, orgulloso de la tierra en que nació o que habitó, profundamente solidario y convencido de que los pueblos son lo que sus ciudadanos y sus instituciones son capaces de hacer.

Yo no se si Manuel Bidart, jefe de la estación América, se dio cuenta lo que significó la llegada del primer tren con sus nubes amarillas y el característico aroma a carbonilla y a flora destrozada. Se me ocurre pensar que Ambrosio Lugones no dimensionó la importancia de ejercer la medicina aún sin ser médico en el naciente pueblo y que Julio Panadero, el subdelegado de los inicios, no valoró su obra en el cuidado de la Plaza Colón, cercándola para que los animales no se comieran los árboles recién plantados.

Creo que Antognoli en 1912 cuando comenzó a construir el hospital que se inauguraría en 1920 no valoró su esfuerzo y que el Arq. Reyes Oribe cuando presentó al Concejo Deliberante el bosquejo de edificio municipal que hoy tenemos, inaugurado el 15 de octubre de 1933, no advirtió que estaba plasmando una obra única.

Quizá Marcelina Vázquez, cuando impulsó la creación de la Escuela N° 9 que el próximo mes de julio cumplirá sus 100 años no imaginó la importancia de su obra en el tiempo.

Los que tenemos que valorar lo realizado somos nosotros. Imitarlos, porque ellos supieron diseñar un pueblo con futuro, acorde con su tiempo. Sepamos nosotros bosquejar el nuestro para los próximos 118 años.

Me voy a permitir leer una poesía que escribí hace mucho tiempo pero tiene vigencia en mí.
América

América es
mi casa y es mi vida,
es mi esperanza
y mi destino,
es mi lucha permanente ,
es el camino,
mi nostalgia
y mi delirio.
Es la puesta del sol,
el horizonte,
la llanura,
el recuerdo del Molino.
Es el Instituto
o la Normal,
o la llamada de la Uno,
la música de Lito,
el Splendid, el Parque España,
la esquina de Duperou,
la Estación;
es donde moriré
y donde vivo.
Es La Abundancia,
El Inglés o el Indio.
Es la mirada atenta de mi madre
o el paso cansino de mi tío.
Es donde crecí,
y donde sueño,
donde quiero
y permanezco,
donde disfruto del otoño,
o donde me cobijo.
Es a donde volví
sin haberme ido,
donde me expreso
me enojo
y me resuelvo.
Es la referencia
del camino.
Es el trabajo
de mis antecesores,
es la lucha
en la crianza de mis hijos.
Es mi pueblo,
de última
mi terruño,
o mi patria,
mi espacio.
Es un sonido melodioso.
Es mi destino.

Si usted no nació en América, o no hace mucho que llegó, súmese, forme parte. Hagamos como los que nos antecedieron. Construyamos la historia que viene porque ya, como decía mi padre, “caminamos sobre lo arado”.

Feliz cumpleaños América. Trabajemos por un próspero futuro.


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