En el imaginario popular, Bariloche tiene dos extremos: es un “viaje caro con nieve y chocolate”, o bien es un viaje de estudiantes para celebrar el fin de la secundaria. Sin embargo, entre estos dos extremos, hay otra versión de la ciudad, mucho más interesante para alguien con un presupuesto ajustado.
Empecemos por lo básico: Bariloche está diseñada para mirar el lago y, afortunadamente, mirar es gratis. El Centro Cívico y la costanera son la primera parada, sí, pero lo interesante comienza al alejarse del centro comercial. Uno de los paseos más sencillos, pero gratificantes, es recorrer parte del lago Nahuel Huapi por senderos urbanos (hay tramos que parecen casi un parque) y llegar a una de las pequeñas playas, Melipal o Bonita, por ejemplo. No, no es una playa en el sentido atlántico ya que tiene agua fría y rocas por todas partes, pero en un día de verano, es ideal para mojar los pies un rato y disfrutar del paisaje.
Otro factor que influye muchísimo en el presupuesto es el transporte. Los vuelos suelen encarecer bastante el viaje, es por eso que llegar en micro puede ser la mejor opción para no comprometer tus finanzas. Si estás tratando de decidir qué opción de micros es la mejor para viajar a Bariloche, chequeá online todos los precios, horarios y empresas que hacen ese trayecto.
Luego está el clásico destino de los mochileros; el Cerro Campanario: aunque la caminata es un pequeño ejercicio físico, la vista panorámica desde la cima es una postal que hacen que el esfuerzo merezca la pena. Hay una aerosilla disponible por un módico precio, pero para quienes tienen un presupuesto ajustado, lo mejor es hacer la subida a pie.
Lo bueno de Bariloche es que tiene senderos “por capas”: se puede dar un agradable paseo sin salir de los límites de la ciudad o afrontar senderos más largos si estás en buena forma física y tenés el equipo básico de montaña. Para vivir una experiencia intensa sin tener que pagar entrada, mucha gente elige alguna variante de la ruta del Circuito Chico, sin necesidad de recorrerla en su totalidad. Se puede hacer por tramos, parar a disfrutar de las vistas, bajar a una orilla apartada y volver. Eso sí, no hay que tomarse esta ruta a la ligera: el tiempo cambia rápidamente incluso en verano y el viento en el lago es implacable. Siempre se debe llevar un abrigo ligero en la mochila.
Y, por supuesto, cuando se viaja con mochila, la comida es un aspecto importante a considerar y quizás lo más conveniente sea cocinar en el alojamiento y llevarse la vianda para el resto del día. Si querés visitar las famosas chocolaterías, con probar algunos bombones es más que suficiente, sin que esto signifique comprometer tu presupuesto.
Una de las opciones más baratas que la gente suele olvidar es la puesta de sol en la costa. Es una tontería, pero el sol convertirá el cielo en algo espectacular sin pedir permiso a nadie. Habrá días en los que el lago esté perfectamente en calma y el sol se ponga detrás de las montañas como si estuvieran rodando una película.
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