Cuando observamos una muñeca hiperrealista, parte de nuestro cerebro reacciona como si estuviéramos frente a una persona. No importa que sepamos que no respira, que no piensa, que no siente: su forma como las de reallady, sus proporciones, su tacto, activan regiones cerebrales ligadas a la empatía, la intimidad y el deseo.
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