Se cumplen 89 años de la caída de ceniza del volcán chileno Quizapú en América


Al respecto el Prof. Alberto Orga, historiador rivadaviense escribió “Un día como hoy 11 de abril pero de 1932 se produjo uno de los acontecimientos geográficos más trascendente en la historia registrada de nuestra región: la caída de la ceniza del volcán Quizapú, ubicado en Chile, en la región 7 de Maule y que pertenece al arco de Fuego del Pacífico formando parte de una de las regiones más inestables del mundo desde el punto de vista geológico”

Orga contó además que “Importante fue la catástrofe producida por este evento. Infinidad de recuerdos se mantienen aún en la población mayor, que van desde la descarga de los 20 cm. de ceniza acumulados sobre los techos que se hundían, hasta el traslado de las bolsas que los pobladores dejaban en las veredas hacia los depósitos de ceniza, uno de ellos ubicado en la misma plaza Colón y que reapareció en 2010 con motivo de la reforma de la misma”.

Agregando que “El esfuerzo de la población de aquel momento fue inmenso, seguramente similar al que nos lleva a hacer el coronavirus en la actualidad”.

Erupción del volcán Quizapú de 1932

El día domingo 10 de abril de 1932, el volcán Quizapú entró en erupción, siendo una de las erupciones más grandes registradas en la historia de Chile.

Desde abril de 1932, comenzó la actividad volcánica aunque el clímax ocurrió en 1932, en una de las erupciones más violentas de que se tenga recuerdo, cuando el volcán Quizapú, ubicado al oriente de Linares, arrojó cenizas que cubrieron desde Rancagua a Chillán dejando la zona en oscuridad casi nocturna de día.​ También provocaron daños en la agricultura en Mendoza, e incluso cayó ceniza en lugares tan alejados como Buenos Aires, La Pampa, Montevideo y el sur de Brasil. Se formó un enorme hongo de humo que oscureció Rancagua y Curicó, obligando a usar el alumbrado público en pleno día. Los ruidos subterráneos fueron sentidos en un radio de 500 km. No se informaron víctimas fatales.​ A su vez, existieron informes de que se avistaron las cenizas transportadas por el viento desde Brasil y Sudáfrica.

En Buenos Aires las cenizas inspiraron al pintor argentino Benito Quinquela Martín para pintar el cuadro “Cenizas volcánicas de Mendoza”, que muestra el aspecto del barrio de la Boca. No hubo miedo porque se informó por radio de qué se trataba, y rápidamente corrió el rumor de que podía servir como un pulidor para limpiar ollas y cacerolas, razón por la cual las amas de casa comenzaron a juntarlo en latas.

 


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