Los dólares del campo superan la pandemia y las torpezas políticas


Fue una semana para recordar, por los precios en Chicago y el récord de agroexportaciones argentinas en marzo. Pero hay dos logros en riesgo: la hidrovía y los biocombustibles.

Un par de noticias configuraron una semana para recordar. En Chicago, límite de alza para soja y maíz, tras el informe del USDA que sorprendió por estimaciones de siembra (que arranca ahora) por debajo de las que se descontaban.

Y aquí, récord absoluto en la liquidación de divisas que mensualmente da a conocer CIARA-CEC, la cámara que representa a los exportadores del complejo aceitero y cerealero. En marzo fueron 2.700 millones de dólares, un 50% más que en febrero. Y en lo que va del año, se acumulan casi 7.000 millones. Un datito no menor: aquí todavía no empezó la cosecha gruesa (maíz, soja, sorgo, girasol, a lo que debemos sumar maní, arroz, el complejo legumbrero, etcétera).

Por supuesto, esto no va a alcanzar para resolver la gigantesca crisis económica y social. Pero imaginemos lo que sería este país si no se hubieran alineado los planetas para el sector que genera las divisas sin hacerle asco ni a la pandemia ni a las torpezas en el manejo de la cosa pública. Esta bonanza debería llamar a la reflexión, y proceder en consecuencia. El sector agroindustrial merece mejores políticas, empezando por la cuestión impositiva, léase retenciones en primer lugar.

Pero hay dos temas candentes y cruciales, que requieren una rápida resolución: hidrovía y biocombustibles. En ambos casos, hay vencimientos de corto plazo que amenazan centros neurálgicos de la actividad. Por la hidrovía del Paraná pasa la mayor parte de la generación de divisas y hay que garantizar el dragado. Ya vimos lo que ocurrió hace una semana con la varadura de un barco en el Canal de Suez.

En cuanto a biocombustibles, en mayo caduca la ley 26.093, que estableció el corte obligatorio de la nafta con etanol y el gasoil con biodiesel. Más allá de lo que significó esta ley para el sector, lo que conviene resaltar es la contribución que hizo el país a la pelea contra el calentamiento global, la mayor amenaza ambiental que afronta el planeta. La humanidad se ha puesto de acuerdo en “descarbonizar”. El petróleo y el gas ya tienen firmada el acta de defunción, y estamos viviendo una transición acelerada hacia “otra cosa”.

Mientras esto sucede, el gobierno parece confiar más en el canto de sirenas del viejo paradigma de las fuentes fósiles. Está muy bien acelerar la explotación de los yacimientos existentes, y también es una noticia excelente que se hayan recuperado los precios del petróleo y el gas. Pero el mundo está en la energía renovable, en particular para el transporte. Y con los biocombustibles, nos alineamos en esta decisión global.

El mundo apuesta a las energías renovables, en particular para el transporte. La provincia de Santa Fe sancionó, con consenso de oficialismo y oposición, una ley modelo de promoción de los biocombustibles, que se alinea a ese rumbo global.

Veamos lo que está ocurriendo en Brasil. Hace cuarenta años, visité por primera vez el interior del Estado de San Pablo. Me llamó la atención, al pasar por la entrada del gran ingenio Santa Elisa, un cartel que decía “esta usina funciona totalmente con alcohol”. Se iniciaba la epopeya de la alconafta. Cuatro décadas después, todo Brasil funciona con este combustible elaborado a partir de la caña de azúcar.

Para ello, desarrollaron la mezcla con alcohol, pero también la tecnología flex, que permite cargar nafta o etanol en cualquier proporción. En la ciudad conviene nafta con 27% de alcohol, en el interior, 100% etanol puro.

Y ahora están un paso más allá: están dando un salto tremendo con los autos híbridos flex. Toyota lidera con cinco modelos, alguno de los cuales están ya en la Argentina. La pandemia los tiene en jaque, pero el horizonte está claro: todos entraron en la era post-petróleo.

Híbrido y flex es una solución extraordinaria y ofrece enormes ventajas frente al mismísimo auto eléctrico. Quienes siguen esta columna ya saben que soy un admirador confeso de Tesla y su líder, Elon Musk. Pero cuidado. El auto eléctrico requiere resolver dos cuestiones: alcanzar una matriz de generación limpia, y contar con una gigantesca grilla de estaciones de recarga. Esta semana, la acción de Tesla subió un 6% después que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció una inversión de tres trillones de dólares en infraestructura, en la que entraban estos temas.

El auto híbrido flex, en cambio, tiene la tremenda ventaja de que no obliga a ningún cambio en el sistema de recarga. Sirven las estaciones de servicio actuales. Ya se sabe que los híbridos ahorran un 50% de combustible. Si además el combustible es alcohol, que tiene una huella de carbono un 70% mejor que la nafta, el salto es fenomenal.

Argentinos, a las cosas.

Por Héctor Huergo
Fuente: Clarin Rural


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