Los destinos más conocidos de Ushuaia son el Canal Beagle, el Parque Nacional, la nieve sobre los picos. Pero atrás de todo está la historia de cómo se construyó una ciudad en el extremo sur del mundo, y el papel que tuvo en ese proceso un trencito de trocha angosta que salía todas las mañanas cargado de presos.
Ushuaia fue fundada oficialmente el 12 de octubre de 1884, sobre el asentamiento de una misión anglicana. Pero si sacás pasajes a Ushuaia, la ciudad que vas a conocer, la construyeron los presos.
Desde 1902, el gobierno nacional levantó allí el Presidio Nacional, un penal diseñado por el ingeniero italiano Catello Muratgia siguiendo el modelo panóptico. La obra tardó casi dos décadas y fue ejecutada íntegramente con mano de obra de los propios reclusos.
La lógica era simple y brutal, aislar a los condenados más peligrosos del país en un punto al que era casi imposible llegar, y aprovechar esa mano de obra cautiva para poblar y desarrollar el territorio.
Los presos salían temprano. A las 6 de la mañana ya estaban los guardias adentro; a las 7, el tren partía. El recorrido los llevaba al bosque, donde talaban árboles y cargaban piedra durante todo el día. A la vuelta, los vagones traían los materiales y los presos, cuando el peso era excesivo, volvían empujando. Con la madera se construyeron los primeros edificios de Ushuaia. Con la piedra, las calles y los puentes. El penal llegó a funcionar como la primera imprenta de la ciudad, y también proveyó los primeros servicios de electricidad, teléfono y bomberos.
El tren empezó a funcionar en 1910, con rieles tipo Decauville de 600 mm de trocha. Llegó a extenderse 25 km bosque adentro, con dos ramales: uno hacia el Monte Susana y otro hacia la zona que hoy es el Parque Nacional Tierra del Fuego. Lo llamaban “el tren de los presos” y era el medio de transporte más importante de la ciudad durante la primera mitad del siglo XX.
En 1947, se ordenó el cierre de la cárcel por las condiciones inhumanas de detención. Un terremoto de magnitud 7,8 sacudió la región en diciembre de 1949 y destruyó parte de las vías, que ya no se reconstruyeron. El tren dejó de funcionar en 1952.
Cuarenta y dos años después, en 1994, una empresa privada recuperó los últimos 7 km del recorrido original y lo transformó en atracción turística. Hoy es el Tren del Fin del Mundo, con locomotoras a vapor, vagones calefaccionados y audioguía en nueve idiomas. La cárcel abrió como museo en 1997 y conserva intacto el Pabellón Histórico, con las celdas originales, los grilletes, las fotografías.
Lo interesante de Ushuaia es que casi todo lo que se ve tiene una historia debajo que pocos conocen. El canal Beagle ya estaba ahí antes de que llegara nadie. Pero las calles, el tren, los edificios públicos, llevan encima décadas de trabajo forzado en el frío del fin del mundo.
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