Cada 10 de septiembre se busca generar conciencia sobre la prevención del suicidio y promover una manera más responsable de hablar sobre una problemática atravesada por múltiples factores. La campaña internacional 2024-2026 propone “cambiar la narrativa”, reducir el estigma y favorecer el acceso a la ayuda.
Este 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha impulsada desde 2003 por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio (IASP), en conjunto con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La campaña internacional para el período 2024-2026 lleva como lema “Cambiar la narrativa sobre el suicidio”, una propuesta que apunta a transformar la manera en que la sociedad aborda esta problemática: pasar del silencio a la conversación, del prejuicio a la comprensión y del juicio a la escucha.
Hablar de prevención implica entender que no existe una única causa detrás de una conducta suicida. Se trata de un fenómeno complejo en el que pueden intervenir factores psicológicos, sociales, familiares, económicos y relacionados con la salud. Por eso, cada situación requiere una mirada individual y responsable.
Escuchar sin juzgar puede ser el primer paso
Muchas personas atraviesan situaciones de profundo sufrimiento sin encontrar la manera de expresar lo que les sucede. En esos momentos, contar con alguien dispuesto a escuchar, sin minimizar ni juzgar, puede resultar fundamental.
Preguntar de manera directa y empática si una persona está atravesando pensamientos suicidas no genera ni “implanta” esas ideas. Por el contrario, puede abrir una conversación y permitir que quien está sufriendo pueda expresar lo que siente y acceder a ayuda.
También es importante evitar frases que minimicen el dolor, como “tenés que ponerle voluntad”, “hay gente que está peor” o “ya se te va a pasar”.
Escuchar significa tomar en serio lo que la otra persona está atravesando, acompañarla y, cuando sea necesario, ayudarla a buscar asistencia profesional.
Señales que no deberían ser ignoradas
No existe una señal única que permita anticipar una conducta suicida y no todas las personas manifiestan su sufrimiento de la misma manera. Sin embargo, determinados cambios pueden indicar que alguien atraviesa un momento de especial vulnerabilidad.
Entre ellos pueden aparecer el aislamiento, una fuerte sensación de desesperanza, cambios abruptos de ánimo, abandono de actividades habituales, problemas persistentes de sueño, consumo problemático de sustancias o expresiones vinculadas con sentirse una carga o no encontrar una salida.
Los cambios importantes en la conducta también requieren atención, especialmente cuando aparecen junto con situaciones de crisis, pérdidas, conflictos familiares, dificultades económicas u otros factores de vulnerabilidad.
La prevención, sin embargo, no consiste únicamente en detectar señales. También requiere servicios de salud accesibles, redes de contención, seguimiento profesional y políticas públicas que faciliten el acceso a la atención.
En ese escenario, familiares, amigos, docentes, compañeros de trabajo y referentes comunitarios pueden cumplir un papel clave como puentes hacia la ayuda profesional, sin pretender reemplazar a quienes están capacitados para intervenir.
Cambiar la forma de hablar también es prevenir
Durante años, el suicidio estuvo rodeado de silencio, estigma y explicaciones simplistas. El desafío actual es construir una mirada centrada en el cuidado, la prevención y la comprensión.
Hablar responsablemente también significa evitar la romantización, las explicaciones lineales y la difusión de detalles innecesarios. Una muerte por suicidio no puede atribuirse automáticamente a un único acontecimiento o circunstancia.
La propuesta de este Día Mundial apunta precisamente a cambiar la narrativa: generar conversaciones más abiertas, responsables y empáticas que permitan que quienes atraviesan una crisis sepan que pueden pedir ayuda.
Fortalecer los vínculos, generar espacios de pertenencia, facilitar el acceso a la salud mental y construir redes de apoyo son también herramientas de prevención.
Ante una situación de riesgo, pedir ayuda es fundamental
Si una persona manifiesta desesperanza extrema o expresa ideas de hacerse daño, es importante no dejarla sola, escucharla sin juzgar y buscar asistencia profesional o de emergencia.
En la Argentina, ante una situación de riesgo inmediato se puede llamar al 911 o al 107, o concurrir a la guardia hospitalaria más cercana.
También se puede contactar al Centro de Asistencia al Suicida (CAS): 135 desde la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, o (11) 5275-1135 desde todo el país.
Cambiar la forma de hablar no resuelve por sí solo una problemática compleja, pero puede abrir una puerta. A veces, escuchar, acompañar y ayudar a pedir asistencia puede ser el primer paso para que una persona no atraviese sola un momento de enorme sufrimiento.
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